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martes, 29 de septiembre de 2009

Panfleto Público. Iglesia Católica.

¿Qué le pasa al panfleto Público? Llevo dos o tres meses en que una o dos veces por semana entro a ver qué se cuece por los derroteros ultras. Pues rara es la vez en que no publican en lugar bien visible una noticia de la Iglesia católica. Pero lo que sea. Vamos, cosas que ni siquiera son noticia en La Razón. La última, que la Conferencia Episcopal abre cuenta en facebook. Vamos, notición de la que si no es por el panfleto, ni me entero.

Claro que el interés de la noticia, como compruebo cada vez, no está en la misma, sino en la ristra de comentarios que a continuación los lectores escriben. Son las noticias que más comentarios albergan, de largo.

¿Qué pasa? Esta fijación con lo eclesial es para hacérselo mirar.

No quiero ni pensar lo que se cocinará cuando el 17 de octubre cientos de miles de ciudadanos en Madrid digan SÍ A LA VIDA.

Estoy seguro que Público tendrá preparado sitio para que los ultras enemigos de la libertad y, posiblemente, víctimas de la LOGSE, se explayen a su gusto con improperios, insultos y deseos de restricciones de libertad.

En fin, como he leido en uno de los comentarios: "A lo mejor los ateos no tienen razón, a lo mejor resulta que los Obispos son los que están en lo cierto". No es posible. Demasiado para ellos.

martes, 17 de marzo de 2009

¿Hay libertad de expresión en España?

He cometido un error. Mi salud mental ha corrido peligro. He abierto la edición digital de “Público” (con “p” de penoso). Eso que algunos dicen que es un periódico.

Quería leer su opinión acerca de la campaña de la Conferencia Episcopal Española a favor de la vida, y en contra de la reforma de la Ley del Aborto.

La primera en la frente: el titular. “La Iglesia quiere cárcel para las que aborten”. Y además, como primera noticia en la edición digital de hoy. Teniendo en cuenta la gran mayoría de lectores que se quedan con el titular, el mensaje habrá calado. Hay que tener en cuenta, también, que de todo hay en la viña del Señor, y por tanto, hay que contar que mucha gente se cree a pies juntillas lo que publica, y como lo publica, el diario “Público” (con “p” de panfleto).

Pero parece que el día me venía un poco masoquista, y he decido leer los comentarios de los avispados lectores de la edición digital de “Público” (con “p” de Pinocho). Y claro, han dado rienda suelta a su teclado. No está mal pasarse de vez en cuando por estos estercoleros presuntamente informativos, porque uno se hace la idea de lo que de verdad anhelan los borreguiles seguidores de la radical izquierda instalada en el poder de este país. Sí, es sencillo, no se trata de leer entre líneas, sino de leer simple y llanamente. Quieren un país que me recuerda a la Cuba de Castro, o a la URSS de Stalin. Quieren un país en el que no haya libertad de expresión, ellos quieren decidir quién tiene derecho a hablar, y qué puede decir cada uno. Se les llena la boca con eso del progreso social (que si derechos de gays y lesbianas, etc) y sin embargo sólo quieren la libertad para ellos, a los demás que nos den morcilla. Los demás debemos saber que si lo que tenemos que decir no les gusta, entonces sólo podemos decirlo de puertas para adentro. Ahora resulta que los Obispos, para esta gentecilla, no tienen libertad de expresión, no pueden tomar parte en un debate público, no pueden ejercer la crítica. Ah, claro, y no digo nada de los insultos proferidos por las víctimas de la LOGSE, que precisamente por ser víctimas, tienen cierta excusa en su irrespetuoso proceder.

Y todo por defender la vida. Pero en realidad, lo que esta manada hace es ir en contra de lo que diga la Iglesia. Tanto que si un día el Papa pide el voto para Zapatero, Rajoy tiene asegurada la mayoría absoluta durante lustros. Qué le vamos a hacer, son así.

Perlas como que el feto es un parásito de la madre, o que los Obispos no se dan cuenta de que el lince es un animal en peligro de extinción mientras que el ser humano no hace sino superpoblar el planeta (literal, no me lo invento), para así justificar que el aborto no es matar a nadie, no hacen sino reafirmarme que estamos rodeados de elementos totalmente atascados cerebralmente hablando, que nos encontramos en un momento en que nos va a sacar de la crisis quien yo me sé, porque el país puede caer en manos de verdaderos inútiles, sin cultura, sin educación, y demasiado deseosos de sangre, revancha de no sé qué, y revestidos de un odio del que no consigo vislumbrar su origen.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Con P de Panfleto.

Este verano, por cosas de la vida, cayeron en mis manos algunos ejemplares del periódico Público (con P de panfleto). Y no del mismo día, no, sino de días diversos.

Como andaba de vacaciones, y por tanto con tiempo libre de sobra, me dispuse en las diversas ocasiones a leer ese periódico, con tal mala prensa (con P, también de panfleto).

De entrada lo veía delgadito, más bien flacucho, pero se entiende, quizás, que al ser un rotativo joven, tenía a la mayor parte del personal de vacaciones y realizaban una tirada algo más recortada.

A medida que pasaba páginas (con P de panfleto) mi sorpresa se tornaba en indignación. Deben haber contratado a maestros de la tergiversación, expertos en demagogia y líderes en la injuria escrita.

Como muestra un botón. En uno de los editoriales, que debí haber guardado por lo sectario e ignominioso, una de las presuntas (con P de panfleto) estrellas del diario, titulaba algo relacionado con la Derecha y la Iglesia (nada bueno para éstas, claro). Leí ávidamente el editorial esperando encontrar algún justificante del referido título. Al parecer el presunto periodista (con P de panfleto) narraba un episodio con un taxista de Madrid. Como buen taxista, tenía la radio puesta. Tocaba noticias. En las noticias hablaban de un inmigrante que había delinquido. El taxista, en un alarde de imprudencia y mostrando más bien poca sesera, se lió a lanzar improperios contra los inmigrantes, que si él haría esto, que si él haría lo otro. No consigo recordar frases exactas, pero desde luego eran bastante nefastas. Acabé de leer el presunto artículo y no aparecía por ningún lado que el taxista se hubiese identificado con la derecha política, ni mucho menos manifestó su condición de creyente (de cualquier religión).

Pero esto no fue impedimento para que el editorialista se le fuese la mano y dejase el mensaje ahí bien claro, catalogando a la derecha y al creyente de racistas, xenófobos y cosas peores.

El problema es que hay gente que lo va a dar por dogma de fe, que así lo cree y el artículo de Público (con P de panfleto) viene a refrendar sus tesis.