Visitar una ciudad semanas antes de un evento de la magnitud de la Expo 2008 de Zaragoza, tiene consecuencias previsibles.
Este fin de semana conocí Zaragoza, eso sí, en ansioso estado de obras y lavado de cara, como preludio a lo que se avecina en poco tiempo.
Ello me impidió contemplar la Basílica del Pilar en todo su esplendor, en cuanto a fachada se refiere, pero al menos conocí una de las ciudades que tengo en la lista de “pendientes de visitar”, junto a otras como Toledo, que es el próximo objetivo. Encontré la Basílica llena de andamios en un proceso de limpiado y saneamiento de la misma, que ya se empezaba a vislumbrar en cuanto a resultados se refiere.
Pero sí fue suficiente para conocer una ciudad ordenada, limpia, con muchas opciones turísticas. Sí es cierto que tal vez no posea la grandeza monumental de Sevilla, Cáceres o Granada; pero no es menos cierto que posee un encanto especial que no muchas ciudades pueden presumir de él.
Los “peros”, que los hubo, y en dónde no, me los guardo. No me gusta resaltar lo negativo, máxime cuando lo positivo lo supera con diferencia.
Recomiendo la visita a Zaragoza a todo aquel que no la conozca, y si es posible, antes o después de la Expo, para conocerla sin el agobio del turismo masificado. Por supuesto que la visita a la Expo debe ser interesante también, pero eso ya es otra cuestión. Yo personalmente no tengo en mis planes visitarla, sin ningún motivo, sencillamente porque hay otros planes.
Este fin de semana conocí Zaragoza, eso sí, en ansioso estado de obras y lavado de cara, como preludio a lo que se avecina en poco tiempo.
Ello me impidió contemplar la Basílica del Pilar en todo su esplendor, en cuanto a fachada se refiere, pero al menos conocí una de las ciudades que tengo en la lista de “pendientes de visitar”, junto a otras como Toledo, que es el próximo objetivo. Encontré la Basílica llena de andamios en un proceso de limpiado y saneamiento de la misma, que ya se empezaba a vislumbrar en cuanto a resultados se refiere.
Pero sí fue suficiente para conocer una ciudad ordenada, limpia, con muchas opciones turísticas. Sí es cierto que tal vez no posea la grandeza monumental de Sevilla, Cáceres o Granada; pero no es menos cierto que posee un encanto especial que no muchas ciudades pueden presumir de él.
Los “peros”, que los hubo, y en dónde no, me los guardo. No me gusta resaltar lo negativo, máxime cuando lo positivo lo supera con diferencia.
Recomiendo la visita a Zaragoza a todo aquel que no la conozca, y si es posible, antes o después de la Expo, para conocerla sin el agobio del turismo masificado. Por supuesto que la visita a la Expo debe ser interesante también, pero eso ya es otra cuestión. Yo personalmente no tengo en mis planes visitarla, sin ningún motivo, sencillamente porque hay otros planes.