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martes, 1 de diciembre de 2009

Diciembre.

Ya ha llegado diciembre. Ya era hora. Es que es mi mes favorito, y claro, siempre uno está deseando que llegue lo que más le gusta. Fundamentalmente lo es por la Navidad. La Navidad me apasiona, como cristiano que soy, es lógico. Como tal, procuro vivirla como es debido, celebrando el nacimiento de Cristo.

Pero aún es pronto. De momento, es tiempo de Adviento. Hemos de prepararnos para la venida de Jesús, para su nacimiento. Es un tiempo de preparación gozosa. Son 4 domingos en los que se encenderán sucesivas velas, hasta completar la corona de Adviento. Simbolismos, preparación interior; todo debe ayudarnos a que, cuando llegue el día, estemos preparados para celebrar cristianamente la llegada de Jesús, el nacimiento en Belén.

Pronto montaremos el Belén (este año lo montaremos más pequeño), el árbol de Navidad, los adornos. Habrá compras para regalos, por qué no. Pero con sentido. No regalos compulsivos, sino procurando que sean motivo de felicidad, que con ellos veamos la especialidad de la Navidad, y no al contrario. Es decir, es regalos porque es Navidad, y no al contrario. Con el bombardeo social, es difícil adecuarse a la vivencia navideña, pero hay que intentar hacerlo. Hay que intentar ser humildes, vivir la Navidad también pensando, y actuando, en los más necesitados. Y sin perder el verdadero sentido de la Navidad.