Dice el diccionario de la RAE que el chándal es una “Ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios.”
Y yo quiero defender hasta las últimas consecuencias esa acepción, ya que no hay otra. Lo más importante es que se trata de “ropa deportiva”.
Es decir: para hacer deporte.
Y para ello he creado la plataforma CUICHA (Plataforma Contra el Uso Indiscriminado del Chándal).
Y esto es cosa muy seria, y si no, salid a la calle cualquier domingo por la mañana. Entonces entenderéis mi indignación.
Lo cierto es que cada vez veo menos gente haciendo deporte y más chándales en la calle. ¿Cómo se puede admitir semejante contradicción? Sencillo, la gente desprecia el diccionario y, creedme, está utilizando esta prenda para otros usos, tales como bajar a comprar el periódico y el pan, o, lo que es peor, para pasar así el domingo entero. Por no hablar del chándal blanco blanquísimo que sirve de uniforme para cierta tribu urbana, y digo tribu en su estricto significado, para no dañar al diccionario.
Y ahora entramos a encontrar los distintos tipos de chándales: el tradicional de pantalón y chaqueta con cremallera, loable él; o el más informal de pantalón y sudadera. Pero nos invade cada vez con más intensidad, y me llena de preocupación, el chándal de diseño, o lo que es peor, el chándal de una serie cualquiera de dibujos animados. ¿Cómo pueden algunas madres albergar tantísima crueldad al comprarles a sus niños chándales de, por ejemplo, Bola de Dragón, Sin Chan o La Abeja Maya? Y no sólo los compran, sino que además … ¡visten así a sus hijos! ¿Imagináis a Fermín Cacho entrenando con un chándal azul con la cara de Dartacán en la parte superior de tan insigne prenda?
Y yo quiero defender hasta las últimas consecuencias esa acepción, ya que no hay otra. Lo más importante es que se trata de “ropa deportiva”.
Es decir: para hacer deporte.
Y para ello he creado la plataforma CUICHA (Plataforma Contra el Uso Indiscriminado del Chándal).
Y esto es cosa muy seria, y si no, salid a la calle cualquier domingo por la mañana. Entonces entenderéis mi indignación.
Lo cierto es que cada vez veo menos gente haciendo deporte y más chándales en la calle. ¿Cómo se puede admitir semejante contradicción? Sencillo, la gente desprecia el diccionario y, creedme, está utilizando esta prenda para otros usos, tales como bajar a comprar el periódico y el pan, o, lo que es peor, para pasar así el domingo entero. Por no hablar del chándal blanco blanquísimo que sirve de uniforme para cierta tribu urbana, y digo tribu en su estricto significado, para no dañar al diccionario.
Y ahora entramos a encontrar los distintos tipos de chándales: el tradicional de pantalón y chaqueta con cremallera, loable él; o el más informal de pantalón y sudadera. Pero nos invade cada vez con más intensidad, y me llena de preocupación, el chándal de diseño, o lo que es peor, el chándal de una serie cualquiera de dibujos animados. ¿Cómo pueden algunas madres albergar tantísima crueldad al comprarles a sus niños chándales de, por ejemplo, Bola de Dragón, Sin Chan o La Abeja Maya? Y no sólo los compran, sino que además … ¡visten así a sus hijos! ¿Imagináis a Fermín Cacho entrenando con un chándal azul con la cara de Dartacán en la parte superior de tan insigne prenda?
Y lo peor: las parejitas de novios que compran chándales a juego, y encima, coinciden en ponérselos a la vez para pasar el día (sábados o, preferentemente, domingos). Este debiera estar penado por nuestro Código Penal.
Quiero propugnar el uso debido del chándal, quiero perseguir el uso indiscriminado del mismo. No a bajar a por el pan en chándal. No al paseo vespertino en chándal. No al chándal dominguero. No a los chándales de dibujos animados. Respetemos al diccionario y, sobre todo, respetemos a esta importante prenda. Hagamos deporte, y si no, en vaqueros se está comodísimo.

