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lunes, 11 de enero de 2010

San Gonzalo.

El domingo pasado, 10 de enero, fue mi santo. Fue San Gonzalo. Muchas personas tienen nombres de santos famosos, cuyas vidas son, más o menos, conocidas. Pero otros no tenemos nombres sino de santos no tan conocidos. ¿Sabemos quienes fueron? Llevamos sus nombres, ¿qué menos que interesarnos por sus vidas?

San Gonzalo nació en el siglo XIII, en un pueblecito cerca de Braga (Portugal), aunque de familia española.

De joven se le encomendó una abadía, pero él se sintió llamado a realizar una larga peregrinación, primero a Roma y luego a Tierra Santa, donde visitó el Santo Sepulcro y los Sagrados Lugares.

Luego de 14 años regresó, y se retiró a Amarante, un sitio agreste cercano al río Tamaca, dispuesto a llevar una vida de ermitaño. Ahí construyó una ermita; predicó a la gente que iba a visitarlo y se cuenta que obró algunos milagros.

Su fama se extendió y aumentó también el número de peregrinos. Él colocó con sus propias manos las primeras piedras de un puente para que los visitantes pudieran cruzar a salvo el Tamaca. Se dice que después alimentó a los trabajadores que terminaron la construcción dándoles pescados del río, los cuales acudían a la llamada del santo.

Más tarde recibe los hábitos de Santo Domingo, la orden de predicadores que había sido fundada recientemente. Pero San Gonzalo volvió a su ermita, donde llevó una vida penitente y se volvió un confesor muy estimado.

SAN GONZALO nos enseña humildad, renuncia de los bienes materiales, preocupación por los que tienen poco, confortar al otro por medio de la palabra.